Sequé tus lágrimas de sangre.

Seque tus lagrimas de sangre1

Me encontraba en mi habitación, sola.

Pensando bajo la gravedad del techo, sintiendo el peso del día sobre mi cuerpo, para luego caer en profundo sueño.

Allí estabas, de espaldas. Tus músculos se marcaban delicadamente bajo la camiseta. Cada una de tus vértebras eran visibles por tu postura. Mi mirada subió hasta tu cuello, en donde la última vértebra sostenía tu cabeza llena de pensamientos inagotables.

Te admiraba.

Tu cuerpo presionado por todo el peso de una sociedad perdida en tabúes.

Sigilosamente me acerque, con pequeños pasos marcados por cada temeroso latido que daba.

Probablemente mis ondas alfa estaban por debajo del suelo.

Llorabas. Era sangre.

Lágrimas rojas brotaban de tus ojos, bajando por tus suaves mejillas hasta legar a tu barbilla, muchas se desviaban hasta tu cuello, combinándose con el sudor de tu desesperación. Tu llanto resonaba en mis adentros, llanto como el de un niño, inocente, angustiado…. Una lágrima bajo hasta tu mentón, puse mi pulgar sobre ella; al secarle quedo una marca. Una marca llena de dolor. Tu llanto no cesaba, al igual que tus lágrimas. Seguía secándolas, consolándote; pero no servia de nada.

Temerosa me aleje, desesperada por no poder acabar con tu miedo. Abrí los ojos, otra vez en mi habitación, volviendo mis ondas alfa a su estado normal.

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